Manifestar mi odio por tus estúpidas acciones es en lo que me he centrado todo este día. Te he dicho a la cara que te aborrezco, que te repudio y que no quiero volver a verte. Pero he pasado todo el día junto a ti.
Puedo decirte que te amo ahora pero te detesto a la vez. Que difícil sobrellevar esta funesta situación en la cual tú eres un cuerpo sin corazón y yo un ser sin alma. Entre sarcasmos estúpidos te voy amando lentamente, tú también. Terminamos la noche entre suaves caricias y después de un momento nos volvemos a odiar.
Dormimos abrazados soñando asesinarnos. Desayunamos juntos escuchando ópera mientras a cada nota cantada nos lanzamos puñales. Nos tiramos cuchillos de faquir frente a frente mientras en nuestras miradas se esconde el amor. Nos inyectamos dardos venenosos mientras nos amamos en la suavidad de nuestras voces. Nos atamos de pies y manos para olvidar el odio y amarnos. Nos amamos para poder odiarnos.
El complemento perfecto conjugado en una misma receta. No hay amor más fuerte que el odio ni odio más fuerte que el amor. Somos los dos, individuos apasionados que luchamos por la vida como la perfecta simbiosis que somos. Dos cuerpos unidos por siempre gracias a un lazo invisible e imperceptible. Somos los dos un solo ser, un solo corazón, una sola alma, un solo cañón que dispara las bolas más pesadas y dañinas que el propio sol.
Así somos. Así somos los dos...




