Ese día caminaba por la playa jugando con la arena, corriendo, huyendo de las olas que rompían en la orilla y hasta cantando un tema de rebelde way que había escuchado en la radio esa mañana. Me sentía un tanto estúpida pero feliz, estúpidamente felíz.
De pronto entre mi poético recorrido vi a tres aves (las de la foto), como cargaba mi cámara les saqué un par de fotografías y luego traté de imitar la posición en la que estaban. No pude con mi equilibrio y cai en la arena. Empecé a reir a carcajadas, muy fuerte, muy fuerte luego muy despacio, y luego un suspiro, y luego otro más, y luego una lágrima, y luego, luego...
Había dejado la cámara y mi bolsa bajo un árbol. Ahora estaba tendida en la arena con las olas bañándome de tanto en tanto. Lloraba con tanta tristeza, con tanta pena, con tanta amargura. Sí, ahí estaba yo a más de 1000km. de casa, de mi familia, de mis pocos amigos, de lo poco que me hacía sentir que tengo un lugar en este mundo. Sí, ahí seguía yo, ahí seguía yo. Pasaron las horas, el atardecer, la tarde cayó completamente y yo seguía ahí casi que con hipotermia... Los pajaros se habían ido hace mucho tiempo y ahora estaba sola.
Miraba las estrellas con los ojos hinchados de tanto llorar. Aún lloro cuando veo esas fotografías, ahora lloro mientras escribo. Aunque ahora estoy más cerca de casa (a tres horas para ser exacta) me siento perdida, me siento sola y tan lejos y siento que quisiéra ser uno de esos pájaros para volar lejos, donde sea. También recuerdo a Juan Salvador Gaviota y quiero ser como él. Quiero ser libre pero eso es tan triste porque mi libertad ha venido seguida de soledad.
Ya nada es lo mismo, después de tantas cosas que han pasado he cambiado. Mantengo el semblante firme con una implacable seriedad que opaca mi tristeza y a veces con una gran sonrisa de oreja a oreja pero como los payasos amargados tras esa sonrisa escondo infelicidad.
A veces pienso que si no hubiese encontrado a esos pájaros ese día hubiese sido uno de los pocos en los que he pasado feliz. Todo comenzó por ellos tres, porque con su presencia me recordaron las ganas de volar y de escapar más allá de los límites del horizonte, lo que no puedo hacer y me dan gans de llorar.
No quiero parecer alguien que se queja de la vida, no lo hago en realidad. Acepto las cosas pero otra situación es que me agraden las cosas que se vienen. Es por esto mi infinita tristeza, por todo lo que he perdido en el camino y por no poder llenarlo con cosas nuevas, esas cosas nuevas que se suponen a todos nos llegan a mi no han llegado. No creo que llegen en realidad. Son solo palabras de apoyo que te de la gente, tu peor es nada....
Cada vez siento que pierdo una parte de mí. Cada día se lleva un suspiro y con cada nuevo amanecer vienen diez suspiros más. Me ahogaré en ellos y volveré a llorar.
Se que con lágrimas no llegas a nada pero son un gran desahogo. Hoy ni siquiera puedo dormir y no creo que pueda, no creo que pueda. Más mañana un día nuevo será, veremos que pasa... Veremos.
Me pregunto que será de ellas, sí las aves... Qué será de ellas. Y vuelvo a recordar a la gaviota más famosa del mundo, que será de ella también, que será de mí también.

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