Toda esta semana se me han ido las ganas de vivir por los suelos, la inspiracion barata desapareció en el cajón de las ofertas y el aliento desesperado de último minuto se transformó en un microsegundo inperseptible al alma que dependía de él. No le encuentro razón al seguir luchando si nunca en mi vida lo he hecho, será que algún día la suerte se me acaba... Pero la suerte no existe, ¿o si?
No tengo la menor idea de las cosas a mi alrededor, he entrado en un lapsus de locura frenética en el cual mi unico remidio es el metal. Me deprime cada cosa que veo, me deprime el viento que sopla, el rayo de luz que se cola por mi ventana y los sonidos que vienen del exterior; los carros, los transeúntes... Todo.
De repente suena el telefóno que estaba bajo el cojín del sofá y en la pantalla sale tu número. Eras tú, mi ángel salvador, mi sueño encantado, mi sapo convertido en príncipe, mi alegría. Tan solo el sonido de tu dulce voz bastó para apagar mis penas, llenando de color la estancia y perfumando el aire.
Gracias a tí hoy puedo respirar, gracias a tí hoy puedo ver la luz. Me haz dejado la herencia más hermosa: la felicidad y las maneras de llegar a ella. Jamás olvidaré todo lo que me haz enseñado y siempre estará presente en mí tu imagen anhelada, siempre...
No quiero más que el roce provocativo de tus suspiros tocando mi piel, no quiero más que tu presencia idolatrada, no quiero más.
Pd: Todos los días pienso en tí. Tú eras todo y tu recuerdo lo sigue siendo.
Te quiero...
