Caminaba por la calle cuando tú te me acercaste y de repente me dijiste que querías un café. No se porque pero fuimos a la cafetería más cercana y te compré el café. Me dijiste gracias y te marchaste.
Veinte años después, dentro de mis pensamientos, te veo iluminando mi senda a la muerte. Querías café de avellana doble con crema y yo te compré de vainilla simple con un solo cubito de azúcar.
Es la venganza por haber comprado el café equivocado. Es la venganza de, en la vida, haber tomado las decisiones equivocadas.
Aún falta mucho para que transcurran veinte años, hasta eso gozaremos de los placeres insanos de la vida como lo hemos hecho hasta ahora. Que si vamos al infierno por no seguir el protocolo pues que bien... Si es que existe el infierno debe ser un lugar de a pelos!!

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