Se aleja como la tarde,
agua de claro arroyo,
nunca dejé de amarte...
¡Corre lejos! ¡Nunca pares de correr!
El miedo lo persigue y lo hace temblar. La negrura sepulcral de la fría noche corre por su sangre cual veneno de escorpión. Sus largos y ruidosos pasos hacen que se aleje.
¡Se aleja! ¡Se aleja!, se va...
No mira hacia atrás, pues le invade aun más el miedo. Grita muy fuerte pero nadie lo oye, solo el viento que mueve las hojas caidas. Piensa que está loco, un loco que no piensa, que no piensa que está loco.
¡Solo, solo! ¡Muy solo!, así se siente...
Su paso disminuye porque está cansado. Ha recobrado la cordura por un momento. El camino, que parece interminable, se estrecha a su paso. Está desesperado.
¡Desesperado, desesperado! ¡Muy desesperado!, así se siente...
Ya no corre, camina. Su respiración es normal. El sendero lo llevó a casa, no era interminable después de todo. Sus cabellos despeinados y sus manos frías lo abrazan dándole la bienvenida.
-¿Por qué tardaste tanto?
-Porque me perdí, miente...
¡Perdido, perdido! ¡Muy perdido!, así se siente...
Perdido pero tranquilo. Perdido y acompañado. Perdido quietamente. Perdido y cercano. ¡Se le perdió el camino...!
3... 2... 1... Despejen
3... 2... 1... Despejen
3... 2... 1... Despejen
... El ritmo cardiaco vuelve a la normalidad, la línea recta en el monitor ya se mueve.

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