lunes, 22 de junio de 2009

La mejor noche de mi vida

Las cosas estaban mal.
Ciertamente el mejor momento de tu vida...

...[Aun no se que paso pero cuando me desperte en aquella esquina todo se veía tan borroso, pasó una camioneta arrojando restos de peces muertos, creo que era un puerto o algo así. De repente se hizo de noche, y entre la niebla y el viento salvaje envolviéndome dulce y aterradoramente, un pequeño botecito se acercó al muelle. Un tipo alto se bajó y se acercó a mí, era tan pálido como la blanca nieve y emanaba un olor tan fétido que tuve que tapar mi nariz. Me dijo que el tipo de la otra noche me había dejado después del momento y que había pasado tres días inconciente, que él me había alimentado.
Sentí una corriente escalofriante en todo mi cuerpo al ver su osamenta viva en vez de la carne recubriendolo. Tomó mi mano, yo estaba inmóvil... Me llevó hacia el oscuro y frío mar y una vez dentro del botecillo salimos a navegar sin rumbo. Después de un par de horas me arrojó al mar]...
El tipo del recolector de basura trataba de despertarme (de ahí la pestilencia) me tomaba de la mano tratando de levantarme. Me llevó dentro del carro, dijo que se llamaba Ernesto y que había estado casi media hora tratando de que yo reaccionara. Me había encontrado entre la basura llena de moscas y entre las ratas. Es verdad... noté que tenía la mordida de un animal.
De repente empezé a sentirem muy mal, se nubló nuevamente mi vista y sentí que me desmayaba...
Desperté en el hospital, el buen Ernesto me había llevado. Me dormí otra vez como por tres horas. Cuando desperté me veía a mi misma y a los médicos dándome electro choque, y Ernesto estaba a mi lado, resplandecía en un fulgor puro e infinito que iluminaba la sala de la manera más celestial que algún día pude haber imaginado.
Los médicos dieron la hora de mi muerte, 3:30 am para ser exactos.
Ernesto y yo salimos, pagamos la cuenta del hospital y fuimos en busca de "él", quería algunos de mis órganos de vuelta.
Sonaba aquella musiquita extraña y venía de un mini morris parqueado en la esquina. Ernesto y yo caminamos hacia ella, al verlo sentí miedo, mucho miedo, como nunca antes lo había sentido. Entonces él me dijo:
- Querida, querida mía, no sabes cuantas horas he esperado por tí. Metió la mano a su bolillo y -¡ooooooooooh noooooooooooooooooo!


¡Ay! Ya es tarde y aún no termino mi cuaderno de gestión, tengo tres lecciones para las que no he estudiado. Creo que dejaré este libro por aquí, lo continuaré mañana antes de dormir.
Que raro... un ambiente muy pesado es el que se ha apoderado de mi habitación.

1 comentario:

Leandro B. dijo...

muy interesante niniaa

un saludoo